El aterrizaje en Milán fue tan suave y preciso como un cuchillo de cirujano. En la pista, no había un taxi esperando; había un séquito de vehículos negros y asistentes impecables. Alessandro no perdió el tiempo. Con una orden seca, hizo que Aurora subiera a un Mercedes-Maybach blindado.
El destino no fue un hotel, sino un edificio de diseño moderno con seguridad extrema. El Penthouse era una declaración de riqueza obscena. Pisos de mármol pulido, paredes de cristal que ofrecían una vista panor