La sala de reuniones de la Banca di Milano era un templo al poder financiero. Aurora, envuelta en el vestido negro de seda de Alessandro, se sentía como una intrusa, pero se movía como una reina.
Alessandro había iniciado la reunión, ofreciendo una introducción arrogante sobre la "visión" de Vieri Enterprises. Cuando llegó el momento de presentar el plan de ajuste para los bonos basura, le cedió la palabra a Aurora, esperando que su profesionalismo le sirviera de escudo.
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