Chloe Donovan
El trayecto de vuelta a Shoreditch fue un borrón de luces grises y ruido blanco. No recuerdo haber subido las escaleras del taller, ni haber metido la llave en la cerradura. Solo sé que, cuando la puerta se cerró tras de mí, el silencio de mi santuario me cayó encima como una losa de hormigón.
Caminé por el espacio diáfano, arrastrando los pies, sintiendo que el vestido de satén negro era ahora una piel de serpiente que necesitaba arrancarme. Me deshice de él con movimientos brusc