Dominic Blackwood
La vi despertar desde la penumbra de mi sillón, observando cómo la consciencia regresaba a su rostro con una brutalidad que me hizo apretar la mandíbula. Estaba despeinada, pálida y con esa mirada de animal acorralado que tanto me esforzaba por eliminar de su sistema. Me mantuve impecable, con mi tablet y mi café, fingiendo una calma que era pura fachada. La realidad era que no había dormido. Había pasado la noche desmantelando el legado de Javier, pieza por pieza, cuenta por