Chloe Donovan
Las palabras de Liam aún flotaban en el aire, pesadas y punzantes, como esquirlas de vidrio que se negaban a tocar el suelo. Mi hermano siempre había tenido esa habilidad maldita para leer lo que yo intentaba enterrar bajo capas de sarcasmo y cinismo. Me quedé allí, con los dedos clavados en el terciopelo del sillón, sintiendo la presencia de Dominic acercándose, su sombra proyectándose sobre mí como una amenaza conocida.
—Él tiene razón, Ross —dijo él. Su voz era un murmullo ronc