La luz del mediodía en la meseta central tenía una cualidad dorada y espesa, como la miel recién extraída de los panales, que se filtraba por los altos ventanales de nuestro taller y dibujaba rectángulos de polvo brillante sobre los bancos de carpintería donde el aroma del cedro y el fresno seguía siendo nuestra única religión. Habían pasado semanas desde que regresamos de la montaña, y la escuela de oficios que Dante y yo levantamos con poco más que voluntad y madera vieja se había transformad