El ascenso hacia la cordillera que abrazaba el valle de Crestview fue un ejercicio de purificación, un ascenso lento por caminos de tierra roja y raíces expuestas que parecían querer reclamar el coche para la tierra, mientras el aire se volvía más ralo, más puro, despojándose del olor a asfalto y a traición que todavía sentía pegado a los poros de mi piel. Dante conducía con una calma que me resultaba nueva, una serenidad que no era la de quien ha ganado una guerra, sino la de quien finalmente