El sonido de la lluvia golpeando los cristales de la ventana se mezclaba con el eco lejano de las conversaciones que ocurrían en los pasillos. La oficina de Alexander era una fortaleza de cristal y acero, ubicada en el último piso de Vaughn Enterprises, con una vista imponente de la ciudad de Nueva York. Samantha no se sentía en un lugar ajeno, pero el ambiente se había vuelto pesado, opresivo, como si el aire mismo estuviera cargado de secretos no dichos.
Desde que había tomado la decisión de