Samantha no había podido dormir en toda la noche. La conversación con Alexander aún resonaba en su cabeza, como una melodía disonante que no la dejaba descansar. Su mente daba vueltas, entrelazando las palabras de él con lo que había descubierto. Todo parecía encajar de manera incómoda, y, sin embargo, cada nueva revelación la hundía más en el caos. Pero lo peor era que, a pesar de la confusión y el miedo, una parte de ella no podía evitar sentirse atraída por esa verdad sombría que Alexander l