La oscuridad que los rodeaba era diferente a cualquier otra que hubieran conocido. No era un vacío, ni una sombra, ni siquiera el silencio absoluto de la nada. Era un espacio lleno de algo intangible, un murmullo suave pero persistente que parecía provenir de todas partes a la vez. En la infinita quietud de ese lugar, Samantha y Alexander se sintieron como si estuvieran suspendidos en el centro del universo, en un punto donde el tiempo y el espacio ya no tenían ningún significado claro.
De repe