La luz los envolvía, pero no era una luz cualquiera. Era una luz intensa, cegadora, como si cada partícula de energía que formaba ese resplandor estuviera dirigida a rasgar el mismo tejido del espacio y el tiempo. La vibración en el aire no solo les estremecía el cuerpo, sino que parecía resonar en lo más profundo de sus almas. Samantha y Alexander se mantenían juntos, tomados de la mano, intentando orientarse en este nuevo entorno. La visión comenzaba a aclararse mientras la luz, al principio