El aire dentro del refugio era denso, cargado de una mezcla de humedad y antigüedad. Al cruzar el umbral, Alexander y Samantha sintieron cómo el peso del lugar se les cernía sobre los hombros. La puerta se cerró con un estrépito detrás de ellos, sumiéndolos en un silencio tan absoluto que parecía aplastante. Las paredes de piedra, cubiertas por una espesa capa de musgo, reflejaban una luz que parecía provenir de una fuente oculta. Las sombras se proyectaban largas y distorsionadas, creando una