—Alguien entró a la habitación… y sabía exactamente lo que hacía. —dijo Adrián—
No pregunté nada más. No hacía falta. La forma en que lo dijo fue suficiente para entender que no se trataba de una sospecha ni de una interpretación apresurada. Era una certeza, y eso fue lo que terminó de tensar el aire dentro del auto.
El hospital apareció de nuevo frente a nosotros demasiado rápido, como si nunca nos hubiéramos ido. Adrián estacionó sin decir nada y bajó antes de que el motor terminara de apagar