Eleni notó en su respiración, en la forma en que Otto se estremecía contra ella, que no estaba satisfecho. Que quería más. Sus manos, tensas en su cintura, lo delataban. Sus ojos brillaban con una súplica contenida, como un cachorro que no sabe cómo pedir lo que necesita.
Ella suspiró, rozando con cuidado sus cabellos, y en voz baja le dijo:
—Otto… sé lo que estás pidiendo. —Lo obligó a mirarla a los ojos—. Voy a ayudarte… pero tienes que ser amable.
Él la observó, incrédulo, como si las palabr