**Búnker de Luis Herrera – Reynosa, México – 10:30 a.m.**
El búnker era un laberinto subterráneo de concreto reforzado y acero, enterrado bajo las dunas áridas de Reynosa como una tumba moderna. El aire reciclado zumbaba con el ronroneo constante de generadores, cargado de humo de cigarrillos y el olor metálico de la adrenalina. Pantallas LED parpadeaban en las paredes, mostrando redes de noticias: "Fernando Solano arrestado por el FBI en Torre Ápex – Conexiones con cárteles expuestas". Luis Herrera, un hombre fornido de cincuenta y tantos con cicatrices cruzando su rostro como mapas de guerras pasadas, golpeó la mesa metálica con un puño carnoso, haciendo saltar una botella de tequila medio vacía.
—Maldito Solano —gruñó, su voz ronca por años de humo y órdenes gritadas—. Ese idiota se dejó atrapar. Ahora Gabriela tiene el viento a favor. ¡Nos expuso a todos!
Carla Vidal, sentada a su lado en una silla giratoria raída, fumaba un cigarrillo con labios pintados de rojo sangre, su vestid