La Torre Ápex se erguía como un monolito de vidrio y acero en el corazón de Houston, reflejando el sol de la mañana de noviembre que teñía el cielo de un azul implacable. Dentro, en el piso ejecutivo, la sala de juntas principal era un santuario de poder corporativo: paredes de mármol negro pulido, una mesa ovalada de caoba que podía sentar a veinte, y ventanales del piso al techo que ofrecían vistas panorámicas de la ciudad bullente. Pero esa mañana, el 17 de noviembre de 2025, el aire estaba