Capítulo 50 – Sombras de guerra y deseo.
La mansión de Luis Herrera se erguía en las afueras de Houston como un castillo olvidado por el tiempo, paredes de piedra oscura cubiertas de enredaderas que susurraban secretos al viento nocturno. El aroma a tierra húmeda después de la lluvia se mezclaba con el hedor sutil a pólvora vieja que impregnaba las paredes, un recordatorio constante de batallas pasadas y de guerras que nunca terminaban. Luis estaba en su estudio, un cuarto amplio con estanterías de caoba llenas de libros que nadie leí