Capítulo 49 – Cenizas y reinas.
El atardecer teñía el cielo de Houston con un naranja sucio cuando el mensaje llegó a la mansión de Luis Herrera, un papel arrugado que Rosa, la empleada aterrorizada, le entrego la nota con dedos que temblaban. El aroma a café quemado y a miedo impregnaba el aire. Luis Herrera, el jefe del cártel, estaba en su estudio, un cuarto de paredes oscuras donde el humo de su cigarro cubano flotaba como un velo de guerra antigua. Abrió el papel con calma quirúrgica, sus ojos, marcados por cicatrices de