El sol romano se filtraba por las ventanas del restaurante, tiñendo de dorado el lugar donde Valentina y Benjamín compartían un último desayuno junto a su familia. El aroma a café recién hecho se mezclaba con la melancolía que flotaba en el aire.
—¿Estás bien, mi amor? —Preguntó Benjamín, su voz cargada de incertidumbre.
Valentina asintió, una sonrisa triste en sus labios. Le dolía que ese viaje no haya sido como ella se lo esperaba.
—Me entristece no haber disfrutado al máximo este viaje, —dij