Semanas después.
El atelier de Rosa Clará era un remolino de emociones. Telas de seda y encaje se extendían sobre las mesas, mientras que alfileres y patrones colgaban de los maniquíes como fantasmas de vestidos. Jazmín, con su sonrisa radiante, ayudaba a Valentina a probarse el vestido de novia.
—¡Te ves espectacular! —exclamó Jazmín, sus ojos brillaban de emoción—. Benjamín va a quedar sin aliento.
Valentina se miró al espejo, un rubor tiñendo sus mejillas. El vestido, un diseño exclusivo de