Los días en el hospital transcurrieron con lentitud, pero cada uno trajo pequeñas mejoras para Rafael. Al principio, apenas podía hablar sin sentir un cansancio extremo, pero con el paso del tiempo, su voz recuperó fuerza y su semblante adquirió un color más saludable.
Sus nietos estuvieron con él en todo momento. Valentina le leía en voz alta sus historias favoritas, Berlín lo entretenía con anécdotas graciosas, Laura se aseguraba de que los médicos le dieran los mejores cuidados, y Gabriel, b