Llegue a casa y ella estaba dormida en el sofá, se veía relajada. Se ve tan indefensa y tierna, pero a veces es un solo dolor de muelas, un dolor de muelas que no estoy dispuesto a cambiar por nada del mundo.
No puedo evitar dejar de verla, aunque por dentro sigo tan furioso que no quisiera despertarla porque se que mis palabras la podrán herir.
Dejo el expediente sobre la mesa, me inclino sobre ella y le aparto un mechón del rostro.
—No me vuelvas a poner en esa posición, Isa —susurro contra