Todos contuvieron la respiración, cada musculo de sus cuerpos se quedó rígido. Jareth sintió un frio recorrerle la espalda.
No, no era así como iba a terminar todo. Él iba a salvar a Isabel y no sería muriendo junto al psicópata que le había arrebatado tanto.
—No, no lo permitiré— gritó Jareth arrodillándose con Isabel.
— Eso… está por verse, Lombardi—le advirtió con una sonrisa torcida seguro de su triunfo.
Andrei intentó presionar el botón y justo en ese tiempo que parecía haberse rarentiz