―¿Interrumpimos? ―La voz gruesa de Kalen por alguna razón tensó a Ana y le aceleró el corazón. ―Ellas no están solas, caballeros. ―Los hombres miraron a los recién llegados.
―Las vimos aquí y solo queríamos ser amables.
―A ser amables a otra parte. ―Bramó Aiden. ―Ya estamos aquí, no es necesario que se queden más. ―Estaba realmente luchando por no darle un puñetazo a quien se acercó de más a su mujer.
―Yo que tú, corro. ―Stormi miró al hombre que le ofreció una bebida a su madre. ―Mi ogri