―Estás abandonando a tus chicos. ―Izan miró a su madre con ojitos de cachorrito. ―¿Acaso puedes estar sin nosotros? ―Osiris miró a su esposo e hijo aguantando la sonrisa que se le hace más difícil conforme pasan los segundos.
―Ambos saben que esas personas necesitan de mí. ―Suspiró llena de amor por esos dos manipuladores. ―Estaré en el centro de concentración atendiendo a los heridos. No tienen de que preocuparse.
―Pero estarás lejos. ―Protestó Aiden. ―Muy lejos de nosotros. ―No quería que