―¡Sabías que era mi prometida! ―Le reclamó. ―Hablé incontables veces de ella, ¿Cómo pudiste?
―Ni siquiera te prestaba atención. ―Fue sincero. ―Creí que estabas delirando. La manera en la que la describías era como si fuera todo falso. ―Lo miró con asco. ―Estabas jodidamente obsesionado con ella…
―¡No era obsesión! ―Lo cortó. ―Era la novia perfecta y era mía. ―Apretó los puños. ―Pero tarde o temprano mostrarás quién eres y ella se alejará de ti, es cuestión de tiempo.
―¿Por qué no lo superas?