Más tarde esa noche, Larissa llegó al lugar acordado, con la misma expresión calculadora que siempre tenía. Ella ya sabía lo que sucedía, pero no podía evitar sonreír al ver a Orestes ahí y tan vulnerable, tan ansioso por mantener su dominio.
—¿Qué es esto, Orestes? —preguntó Larissa en un tono de voz cargada de ironía—. Vienes a platicarme lo que queda de ti, de tu imperio —Sus ojos brillaban con la intensidad de alguien que estaba lista para destruir todo lo que tocaba.
Orestes se acercó lent