El sonido del teléfono rompió el silencio de la mañana. Eirin, que se encontraba sentada frente a la ventana, mirando hacia la ciudad gris y lluviosa, no tardó en tomar el aparato. El tono grave de la llamada no presagiaba buenas noticias. En ese preciso instante, la pantalla del televisor mostró imágenes en vivo de un noticiero, y una ola de tensión recorrió su cuerpo al escuchar la voz del presentador.
—Última hora: El tribunal ha decidido otorgar la libertad condicional a Orestes Manchester,