Capítulo 74. Alianzas oscuras.
Después de cenar, el silencio en la inmensa mansión Altamirano resultaba casi ensordecedor. Aurora se sentó en el sofá de la sala principal con una taza de té intacta entre las manos, esperando a su hijo.
Las agujas del reloj de pie parecían moverse con una lentitud desesperante, marcando cada segundo de su ansiedad.
De repente, el inconfundible sonido de la cerradura electrónica rompió la quietud de la casa.
Aurora se levantó de un salto, emocionada y con el corazón latiéndole de pura anticipa