Capítulo 111. Sálvese quien pueda.
En la oficina de Desiree…
Gerardo caminaba de un lado a otro, con un vaso grueso lleno de whisky en la mano derecha.
El sonido de los cubos de hielo chocando contra el vidrio era lo único que rompía el tenso silencio del lugar.
Su rostro estaba enrojecido y pequeñas gotas de sudor frío le perlaban la frente.
—Ya ves, Desiree. Nos jodimos —masculló Gerardo, deteniéndose en seco para mirarla—. Rodrigo no es tan tonto como pensábamos. Subestimamos a ese infeliz.
Desiree, por el contrario, permanec