Esa mañana, Lyra ya estaba lista para ir a la oficina. Sin embargo, la mujer se sorprendió al ver a Raffael frente a su casa.
—Señor Raffael, ¿qué hace aquí? ¿No teníamos ninguna reunión fuera hoy? —preguntó Lyra, desconcertada.
—Es cierto, no tenemos. Solo quería pasar a recogerte, me preocupé por cómo estabas ayer —respondió Raffael con una sonrisa, una sonrisa que de pronto hizo que Lyra no se atreviera a mirarlo a los ojos.
—Lyra, ¿quién ha venido? ¿Es que…? —la voz de Sophia se apagó al ve