Los pasos de Antonio se detuvieron en seco, justo en medio del pasillo del hospital. El mensaje seguía brillando en la pantalla de su teléfono, el nombre “Elia” resaltaba con claridad. Las palabras eran tan sencillas, pero su impacto le golpeaba el pecho como un hierro candente.
«Ya estoy con Lyra…»
No. Eso no podía ser.
Antonio se frotó el rostro con brusquedad. —Lyra no podría irse sin que Raffael lo notara. Es imposible.
El hombre marcó de inmediato el número de su hijo mayor. El ton