La luz amarilla tenue de la lámpara iluminaba suavemente una pared con estanterías en el despacho de Antonio. Nadie sabía que detrás de esa pared se ocultaba una habitación que ni siquiera figuraba en los planos arquitectónicos del majestuoso edificio: el cuarto secreto de Antonio Marino, ya descubierto por Raffael y Lyra.
Antonio entró en la habitación. Su rostro mostraba cansancio, pero en su mirada se escondía algo más: añoranza.
—Elia… —susurró al pisar el lugar.
El cuarto secreto era una m