A kilómetros de allí, en un callejón oscuro y helado de Manhattan, Blake se encogía de hombros, temblando.
— ¡Qué horror! ¡Todavía puedo oír las sirenas de la ambulancia a esta distancia! — Intentó cubrirse las ojeras con el gorro de lana que llevaba. La impresión del accidente lo había dejado en shock.
— ¡Isaac quedó muy maltrecho! — dijo con angustia.
Blake no estaba seguro de si el fiscal sobreviviría, la escena del choque era una verdadera carnicería. Los Bomberos habían tenido que destroza