Eleanor no paraba de pensar y de darle vuelas al nuevo descubrimiento que había hecho Sam, bajó a la cocina. No por hambre, sino por necesidad. Necesitaba enfrentarse a Tariq antes de que su ignorancia lo destruyera.
No se había vestido esa mañana. Llevaba puesta todavía una bata de seda negra, tan corta y fina que no dejaba nada a la imaginación, revelando la silueta perfecta de la Rosa del Desierto, era casi un acto de guerra.
La tela era un desafío a la orden de Tariq de actuar de forma reca