Mundo ficciónIniciar sesiónLa figura imponente de Francesco Russo desapareció tras la puerta de la oficina, dejando a Elena con el corazón en un puño. El silencio que había reinado en el almacén se había roto, pero la tensión era palpable, un presagio de algo más grande. Los hombres del almacén, aunque reanudaron sus tareas, se movían con una prisa nerviosa, sus susurros llenando el aire. El olor a salitre y a pescado se mezclaba con el hedor acre de







