—¿Cómo es posible? ¡¿Cómo voy a deberle tanto dinero a Claudia?! ¡Si ella solo es ama de casa! ¿Dónde está? ¿Por qué estás tú arriba en su lugar? ¡Esto no es justo!
Adrián miraba, fuera de sí, cómo los doscientos mil dólares encima de su cabeza se le descontaban de golpe y luego bajaban hasta quedar en negativo.
Y el número negativo sobre la cabeza de Diana, en cambio, empezó a subir poco a poco, hasta superar los doscientos mil.
Abajo, se armó un escándalo. Decían que Diana estaba ascendiendo en mi lugar, que eso era trampa.
Roxana fue la primera en explotar. Agarró una botella de agua del piso y se la lanzó a Diana.
—¡Qué sistema tan de porquería! ¡Puras payasadas! ¡Que salga Claudia y pague!
—¡Sí, que pague! ¡Que pague!
Se le unió el griterío.
La botella venía directa a Diana. Yo, por instinto, me puse delante y solo pude mirar cómo el plástico me atravesaba el cuerpo.
Por suerte, Guadalupe apareció de la nada y la atrapó al vuelo.
—¿Estás bien?
Diana negó con la cabeza. Los dos se