El ánimo de la gente también subía y bajaba como en una montaña rusa. Miraban los números en la pantalla y ya no podían ni discutir.
Diana soltó una risita gélida y siguió presionando, sin darle tregua:
—Me acuerdo clarito: el día que firmaron, dijiste que la ibas a amar toda la vida. ¿Y para ti "amar" era darle doscientos dólares al mes y hacerla vivir así? Mira bien: ¿de verdad calculaste bien todo lo que le debes?
Adrián alzó la vista, aturdido. Y sí: todavía faltaba un montón para llegar a l