Esas palabras le cayeron a Adrián como un rayo en pleno día. Abrió los ojos de golpe, como si no pudiera creer lo que acababa de oír.
—¡No puede ser! El día de la boda yo no recibí ninguna llamada. ¡Claudia no puede estar muerta!
Guadalupe soltó una risa burlona. Le lanzó a Adrián una mirada cargada de desprecio.
—Claro, tú no la recibiste. Pero Roxana sí la recibió. Y si ella hubiera dicho algo, aunque fuera un minuto antes...
Como si recordara algo horrible, Guadalupe apretó el puño con tanta