Cuando terminaron de hacerlo, Roxana quedó tan agotada que se quedó dormida.No sé por qué, pero de pronto Adrián se acordó de mí.Tomó el celular con cuidado. En WhatsApp, se puso a deslizar la pantalla hasta encontrar por fin nuestro chat. Me escribió:"Ya deja de hacer berrinche. No te voy a hacer pagar de verdad; con que le dones piel para el injerto a Roxana, basta. Ella es joven, ¿cómo se va a casar si le queda una cicatriz? Vuelve ya. Te espero en el hospital."Pero mi respuesta nunca llegó.Como para desahogarse, le plantó un beso a Roxana en la mejilla.Yo apenas esbocé una mueca. Me dio pena y, al mismo tiempo, alivio. Pena, porque la de antes, la tonta de antes, de verdad habría contestado emocionada, sin imaginar jamás que esa "ternura" ocasional solo le salía por culpa, después de haberme sido infiel.Y alivio, porque al tocarme el vientre plano sonreí apenas: "Mi bebé, menos mal que no naciste en esta familia."Los días siguientes, Adrián se la pasó acompañando a Roxana a
Leer más