Mundo ficciónIniciar sesiónSoy una mujer del campo, con una adicción al sexo insoportable. Mis recaídas frecuentes han inevitablemente afectado la cosecha de mi familia. Ya sin más opción, tuve que hacer que mi esposo buscara a un joven médico universitario recién llegado al pueblo para que me tratara. Sin embargo, su método de tratamiento me dejo mucho que pensar...
Leer másEn su diario estaba escrito:Si no me hubieras abandonado, no habría caído tan bajo ni me hubieran pegado el SIDA cuando era casi un niño.Si esa zorra no te hubiera alejado de mis brazos, podríamos haber vivido felices para siempre.Son ustedes dos los que arruinaron mi vida.Me voy a vengar con todas mis fuerzas, y haré que te entierren conmigo. Así no estaré solo en mi camino al infierno."Entonces supe que no solo odiaba a mi marido, sino también a mí.Y para acabarla, ni siquiera era un practicante universitario. Su nombre y su identidad eran falsos.Primero, me dio esas drogas sin que yo lo supiera, para hacerme creer que tenía una adicción. Luego tuvo relaciones conmigo.Después de la primera vez, aprovechó un chequeo para sacarme sangre y hacerme una prueba.Descubrió que yo no estaba infectada, así que volvió a amenazarme, esta vez para acostarse conmigo otra vez y así contagiarme.Su plan era enfermarme a mí primero… y que luego yo se lo pasara a mi marido. Así, él terminaría
En la clínica, después de leer mi informe médico, el doctor levantó la vista y me miró:—¿Ha tomado alguna medicina recientemente?—No.Siendo sincera, siempre he sido una persona sana. Normalmente ni la fiebre ni los resfriados me afectan. Se me quitan solos en un par de días, sin tomar pastillas ni jarabes.Pero los síntomas de hoy fueron tan raros y dolorosos que vine al hospital porque ya no podía aguantar más.Inesperadamente, el doctor me miró con una expresión seria:—¿Está segura de que no tomó nada? No me mienta, si no me dice la verdad, no voy a poder ayudarla.—Se lo juro, no he tomado nada —respondí.Al verme tan firme, el doctor ya no insistió, pero seguía con cara de duda.—"Su examen muestra una reacción provocada por el uso prolongado de estimulantes para el deseo sexual" —leyó en voz baja.—¿Qué dijo? ¿Cómo puede ser eso? —le arrebaté el informe, y sí… en la parte de conclusiones decía que había rastros de afrodisíacos.No lo podía creer.—Doctor, por favor, revíselo o
Grité pidiendo ayuda, y él me soltó.—¿Por qué estás tan obsesionado conmigo? Estoy vieja, podría ser tu madre.—No hagas preguntas que no debes. Estaré ahí cada vez que me llames.Parecía que el tipo planeaba usar ese video como amenaza para manipularme.Pero si yo estaba disponible cuando él quisiera… entonces ¿cuál era la diferencia entre yo y una prostituta?Aunque es guapo y puede hacerme sentir bien rico, yo tengo principios. Sé lo que está bien, lo que está mal y lo que da vergüenza.No puedo convertirme en la esclava sexual de nadie.Aunque estaba aterrada, le advertí:—¿Sabes que esto es un delito, o no? ¡Borra ese video ya o voy a llamar a la policía!—¿La policía? ¿Y no te da miedo que quite el pixelado del video? ¿Y si toda la gente del pueblo empieza a hablar de ti?Mucha gente que conoces vio tu "actuación" hoy. Hasta Casilda le preguntó al alcalde qué zorra sería tan fácil como para hacer eso…No esperaba que no le tuviera miedo a la policía.El doctor Miles no solo era
En ese momento, perdió la paciencia.Esta vez, fue brusco y rápido, como si me estuviera usando nada más para desahogarse, como si yo fuera un simple juguete.Pero ni así quedaba satisfecho. De verdad, se tardaba mucho. Mi marido tocó la puerta varias veces para apurarlo, y yo me tapé la boca por miedo a que se me saliera un grito.Al final, mi marido no aguantó más y ya estaba a punto de entrar al consultorio, así que, de mala gana, él se subió los pantalones.Yo me sentía débil, como si me hubiera pasado un camión por encima. Me costó bastante recuperarme antes de poder salir.Mi marido me preguntó por qué me había tardado tanto, y yo me inventé una excusa.Me sentí aliviada cuando vi que no me hizo más preguntas.A diferencia de mi consciencia culpable, el doctor Miles se veía tranquilo, como si no hubiera sido él el que me acababa de exigir tanto.—Su esposa está bien. Ya le expliqué el plan de tratamiento. Si lo sigue, en diez días o, máximo, en quince, va a estar mejor —dijo él,
Último capítulo