Aleksander me tomó entre sus brazos y me cargó hasta la salida; sin mucha dificultad pudo cerrar la puerta y, mientras caminaba, no podía dejar de verlo. Su mandíbula estaba tan definida que no podía dejar de verla.
—Espero que no vuelvas a hacer esto, tuve que dejar a Chloe sola porque te has demorado mucho en el cementerio. Tienes que dejar descansar a los muertos y saber que en algún momento vas a volver a reunirte con Antonia.
Y nuevamente ahí salía Chloe; cuando dijo esto, decidí soltarme de su agarre y me bajé con cuidado de sus brazos.
—¿Qué es lo que sucede? ¿Acaso te has enfadado?
—No, no es eso —arreglé mi ropa—, es solo que me encuentro perfectamente capacitada para caminar; no es necesario que me vengas a cargar como si fuera una minusválida.
Avancé por aquellos enormes mausoleos y me fui a mi carro; cuando iba a irme, Aleksander abrió la puerta y me detuve en el instante.
—No he venido en mi carro, pensaba manejar, pero evidentemente no me vas a dejar. Así que vamos a tu