Cuando le dije esto a Analía, hubo un silencio total. Al ver por el espejo, pude verla llorando y me preocupé por esto.
—Estoy feliz, no malinterpretes las cosas —ella sonrió con alegría—. Tendré otros tres hermanitos o hermanitas, eso es algo bueno.
Las lágrimas de Analía venían acompañadas de la más grande de las felicidades. Ella movía sus pies en el asiento y se le podía ver sumamente contenta por la noticia.
—Entonces vas a invitar a Hugo a comer en la casa; creo que comenzaré a buscar casas a la brevedad porque los bebés pronto van a nacer y no quiero que las cosas no estén listas cuando le digan hola al mundo.
—Está bien, busca una casa grande y muy bonita; estoy segura de que seremos felices ahí con mi papito.
—Amor, nos vamos a separar, hablo de tu papito y de yo. No podemos seguir juntos y espero que lo puedas comprender.
—Puedo comprender algunas cosas, pero eso de que no pueden seguir juntos, pues no. Mi papito te quiere y tú también lo quieres, así que no veo el motivo po