Cuando las lágrimas se deslizaron por mis mejillas, Analía con sus pequeñas manos las limpió con amor. Ella me dió un beso en cada uno de mis ojos y me brindó una sonrisa de comprensión.
—El destino de mi mamita se encontraba sellado y no era algo que estuviera en tus manos; ella siempre me decía que se sentía sumamente orgullosa de ti y que te agradecía todas las oportunidades que le diste. Cuando mi papito se fue de nuestras vidas, nadie en el pueblo le quería dar trabajo; si tú no te hubiera