Miré a Aleksander directamente a los ojos y al final aparté la mirada; no quería hacerme ilusiones al pensar en que él de alguna manera me iba a querer.
—¿Qué es lo que sucede? —con sus dedos volteó mi rostro—. ¿Por qué apartas la mirada?
—Aleksander, no tiene sentido estar redundando en lo mismo, sé bien que no me quieres, que solamente estás haciendo algo que al final de cuentas es para mantener a los niños cerca de ti. No quiero que vuelvas a tocar este tema, te lo pido.
—¿Por qué eres así? Estoy siendo sincero y tú piensas que lo digo por los niños. ¿En serio piensas que eres tan difícil de querer?
—Sé bien que no soy difícil de querer, al menos no con mis amigos. Pero en el aspecto amoroso no he tenido suerte y siento que ya tuve suficiente contigo; si no quieres respetar mi decisión, pues lo voy a entender y lo único que te voy a pedir es que te vayas.
—¿En serio me estás corriendo? No puedo creerlo, quiero arreglar las cosas contigo y al final te pones a la defensiva. Te juro q