La seriedad de Chloe me sorprendía; ella parecía ser una mujer un tanto diferente; había algo en mí que me lo decía.
—Deja de verme como un retrasado; es cierto que todos tenemos derechos a hacernos tontos en algún momento, pero ya lo tuyo es un abuso.
—¿Y qué es lo que quieres que haga? No quiero venir a hacer una cosa que al final no te va a parecer y me vas a dar otro golpe por el mero gusto.
—En serio que la tienes demasiado difícil, la has cagado y, pues, las cosas se complicaron con cada metida de pata. Déjame pensar las cosas, pero no vayas a hacer nada a partir de este punto.
—Está bien, en serio que no las entiendo a ustedes, mujeres, dejarían de ser.
Cuando miré que Chloe me iba a golpear nuevamente, logré detener su mano, pero el golpe vino con la otra.
—En serio que eres demasiado hábil —masajeé un lado de mi frente—. Te juro que eres muy hábil y demasiado fuerte; ni siquiera pareces ser una mujer.
—La calle te enseña a hacer algunas cosas que no son del todo agradables, a