52: Te quiero, Brielle

¿Por qué se suponía que Aleksander iba a hacer algo así? Era evidente que no era el caso, que jamás estaría conmigo de tal manera. Debí acostumbrarme a que esto no era un caso de esos milagrosos que pasan donde el hombre se enamora de la mujer.

—Deja que te ayude. —Él tomó las bolsas y las abrió. —Dime en dónde vas a acomodar todo.

Aleksander me ayudó a acomodar todo esto; me encontraba agachada en el refrigerador cuando sentí un calambre en el pie.

—¡Ay! —me vine al suelo—. ¡Maldición!

—¡Briel
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