¿Por qué se suponía que Aleksander iba a hacer algo así? Era evidente que no era el caso, que jamás estaría conmigo de tal manera. Debí acostumbrarme a que esto no era un caso de esos milagrosos que pasan donde el hombre se enamora de la mujer.
—Deja que te ayude. —Él tomó las bolsas y las abrió. —Dime en dónde vas a acomodar todo.
Aleksander me ayudó a acomodar todo esto; me encontraba agachada en el refrigerador cuando sentí un calambre en el pie.
—¡Ay! —me vine al suelo—. ¡Maldición!
—¡Brielle!
Aleksander que se encontraba en una pequeña escalera, fue que dió un salto sin pensarlo; él me levantó y fue a acomodarme al sofá.
—¿Qué es lo que te pasa? —Él comenzó a revisarme con desesperación. —¿Necesitas ir al hospital?
—No, no es nada grave. Es solo que me dió un calambre en la pierna izquierda; por favor, dame un masaje.
Las manos amplias de Aleksander se pusieron en la parte trasera de mi pierna; él comenzó con un masaje lento y, aunque al inicio me dolía, ya después el dolor fue