¿Por qué se suponía que Aleksander iba a hacer algo así? Era evidente que no era el caso, que jamás estaría conmigo de tal manera. Debí acostumbrarme a que esto no era un caso de esos milagrosos que pasan donde el hombre se enamora de la mujer.
—Deja que te ayude. —Él tomó las bolsas y las abrió. —Dime en dónde vas a acomodar todo.
Aleksander me ayudó a acomodar todo esto; me encontraba agachada en el refrigerador cuando sentí un calambre en el pie.
—¡Ay! —me vine al suelo—. ¡Maldición!
—¡Briel