Narrado por Noah
La cabaña estaba rodeada por un bosque espeso, lejos de las rutas principales y de los ojos de los satélites de Gallardo. El aire era puro, con olor a pino y tierra mojada, pero dentro de esas paredes de madera, el ambiente estaba viciado por un silencio que me cortaba el alma. Habían pasado tres días desde el rescate, tres días en los que Emma apenas había pronunciado palabra.
Estaba sentada frente a la chimenea, envuelta en una de mis mantas militares, mirando las llamas con