El aire de la nueva base en la frontera era distinto: más denso, cargado de polvo y de una energía eléctrica que me recordaba que ya no estaba protegida por los muros de la clínica privada de Noah. Aquí, bajo el sol inclemente, yo era simplemente la Dra. Emma, y mi pasado era un fantasma que se desvanecía con cada vida que salvaba.Hacía apenas una semana que habíamos llegado, y la carga de trabajo era abrumadora. Noah, en su doble papel de Capitán y médico, apenas dormía, pero siempre encontraba un momento para pasar por mi cubículo a "inspeccionar" si estaba comiendo bien.—Doctora, si sigue ignorando su almuerzo, tendré que reportarla por insubordinación —dijo Noah, entrando con dos bandejas de metal.—No puede reportarme, Capitán. Técnicamente, en este hospital, la que manda sobre la salud de todos soy yo —respondí sin levantar la vista de unos análisis, aunque una sonrisa se me escapaba.—Esa arrogancia médica te queda peligrosamente bien, Emma —bromeó él, dejando las bandejas sob
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