Narrado por Emma
Había pasado un mes más desde que llegamos a la cabaña. Mi vientre apenas empezaba a mostrar una curva sutil, un secreto que solo Noah, Cassy y yo compartíamos con reverencia. Noah había insistido en traerme a una clínica privada en la ciudad vecina, una pequeña instalación de prestigio donde sus contactos militares garantizaban discreción. Necesitaba una ecografía; necesitaba saber que, a pesar de todo el horror, esa pequeña vida estaba creciendo sana.
—Todo saldrá bien, nena